
Vamos camino a la autosuficiencia, y una parte ya está: el agua y la energía salen de la finca. Lo demás es cuestión de distancia, lo que no cultivamos lo buscamos lo más cerca posible. Las arepas nunca van a salir de esta loma, pero sí de una cocina a pocos minutos.

La huerta crece cada temporada. Lo que esté listo esa semana es lo que aparece en el almuerzo, por eso el menú no es fijo y por eso la cocina se mueve alrededor de lo que da la huerta.
Alrededor de la finca hay cítricos por todas partes, y otras frutas que maduran cada una a su ritmo. Los limones de tu trago y las naranjas del guaro de naranja se recogieron a pocos pasos de la cocina.
De una finca vecina, aquí mismo.
De un trapiche cercano, la misma panela que endulza el bar.
Hechas a mano por una vecina. Sin fábrica de por medio.
La mayoría de los lácteos que usamos vienen de nuestras propias vacas.
La finca se abastece de su propia fuente de agua. La electricidad viene cada vez más de paneles solares, y la idea es seguir sumando hasta que la finca se sostenga sola.
La agricultura biodinámica empuja en la misma dirección: compost propio, ciclos naturales, sin agroquímicos de síntesis. La finca se entiende como un solo organismo vivo y no como partes separadas.

Una carta corta, construida sobre destilados colombianos y lo que da la finca: ron infusionado con nuestros nibs de cacao tostado, aguardiente infusionado con cáscara de las naranjas de afuera, jarabe de panela en lugar de azúcar y fruta de la región.
Ron añejo con nibs de cacao tostado de la finca, cáscara de naranja y canela. Reposa cinco días.
Aguardiente con cáscara de las naranjas de la finca y canela. Se toma bien frío, en copita.

El desayuno está incluido en la estadía, hecho con lo que dan la finca y la región. Para retiros y grupos cocinamos pensión completa, con un menú acordado con anticipación.
Adaptamos menús vegetarianos, veganos, indúes y mediterráneos, y dietas especiales. Avísanos al reservar y la cocina se organiza en torno a eso.
Ver las experiencias